Cuando usted era obrero, sr. Iglesias

Cuando usted era obrero”: Así se le habla la derecha en el parlamento a Pablo Iglesias cuando quiere atacarle. Intentan que deje de ser el referente de los obreros solo porque se atreve a pisar la misma moqueta que ellos.

No, aunque escribo en presente no estoy hablando de lo que ha pasado esta semana con la polémica de la casa que se han comprado Pablo Iglesias e Irene Montero. Solo estoy reflejando las palabras que le dirigían los diputados conservadores a Pablo Iglesias Posse cuando en 1910 fue elegido diputado por primera vez.

Y es que lo primero que hicieron cuando Iglesias Posse consiguió el acta de diputado para representar a los de abajo fue intentar domarlo: el Conde de Romanones, presidente del Congreso en aquel momento, le recordó que debía seguir el papel pautado por ellos, acomodarse a la vida parlamentaria, lo mismo le dijo José Canalejas, quién después sería presidente del Gobierno. Pero Pablo Iglesias no se dejó amedrentar. Cuentan las crónicas que, con suavidad en las formas pero con firmeza en los conceptos y el mensaje, se convirtió, desde la tribuna de oradores, en el azote de los poderosos y, por tanto, en la diana de los cabecillas conservadores.

Como los ataques en sede parlamentaria, ese “cuando usted era obrero”, no hacían mella en el líder socialista (sí, antes los del PSOE eran socialistas) pusieron en marcha la máquina del fango: primero habían ido, desde su fundación, a por los trabajadores del periódico “El Socialista” a los que llamaban “vividores”, “sinvergüenzas”, “parásitos”, “golfos”, etc. Pero muy pronto fueron a por quien, con su trayectoria intachable, había pasado de estar de niño en el hospicio a mirar a los ojos y sin miedo a los poderosos en el Congreso. Y eso no lo podían permitir.

La historia más comentada en los tabloides conservadores era una que venía de lejos y que le persiguió desde 1886 hasta su muerte. Era la del “gabán de pieles del vividor a costa de los obreros”:

Cuando salían del mitin no faltó quien observara que algunos de los más elocuentes oradores se abrigaban en recios gabanes, mientras muchos oyentes iban sencillamente vestidos de blusa. ¡Ah! Si las teorías de los que hablan hermosamente se tomaran en serio ¡cuántos oradores se quedarían en la calle de Toledo sin gabán!

Ortega y Munilla, El Imparcial, Noviembre de 1886

Pablo Iglesias nunca tuvo un gabán de pieles, pero aunque lo hubiera tenido, no hubiera estado invalidado para ser el líder honesto que fue.

La inquina de la derecha no tenía límite y se le acusaba también de viajar en tren en primera clase para cambiarse a tercera antes de llegar al destino o, más grave aún, se le acusó de ser el “autor moral” del asesinato del presidente Canalejas. Por el contrario, las críticas desde el lado de la izquierda (sí, también entonces) le acusaban de recibir dinero de los gobiernos de la monarquía por ser “flojo” en sus críticas a los gobiernos de Moret, Dato o el propio Canalejas. Incluso se atrevían a tildar a Pablo Iglesias de clerical, solo porque decía que el anticlericalismo era cosa de “federales, librepensadores y anarquistas” y que la religión solo era “un ardid de la burguesía para impedir que los obreros se concentrasen en el verdadero enemigo: el capital”.

Pablo Iglesias se defendió de las acusaciones en el Parlamento pero al líder socialista se le defendió también en la calle, donde las clases populares dieron pleno apoyo a quien tenía una trayectoria impecable. A su muerte, Pablo Iglesias Posse se convirtió en un “santo laico” de la izquierda.

Un siglo después han podido cambiar las caras, las personas, hay partidos nuevos, otros siguen con las mismas siglas, pero con distinta ideología. Pero los actores son los mismos: a un lado los poderosos, al otro, los únicos y las únicas que se atreven a desafiarles. Y los y las que se atreven a desafiar a los poderosos siguen siendo vilipendiados, espiadas, insultados, calumniadas, en un todo vale, sin límites y sin vergüenza.

Porque hace falta ser sinvergüenza para que ellos se atrevan a decir lo que han dicho a la gente de Podemos: que olemos mal, que tenemos piojos, que somos nazis y pederastas, traficantes de droga, que nos financiamos de forma ilegal. ¡Ellos!, los de la Gürtel, los de la Púnica, los de Aquamed, los de los EREs, los de Filesa, Malesa y Time-Xport. ¡Ellos!, los de los “volquetes de putas“, los que cometen delitos para obtener títulos universitarios. ¡Ellos!, que indultan banqueros. Ellos, que no pueden soportar que una mujer, joven y de Podemos, les cante sus vergüenzas en el Parlamento, ellos no pueden darnos lecciones de coherencia y de valores. Ellos no pueden decidir quiénes están legitimados o no para dirigir nuestro proyecto porque ellos solo quieren matar a Podemos.

Decía un Pablo Iglesias en 1886 ¡Escribe, prensa asalariada de la burguesía, cuanto se te antoje contra el socialismo, que nosotros no cejaremos en demostrar a los trabajadores la bondad del partido obrero! Si cambiamos “el socialismo” por “Podemos”, bien podría decir esa frase, en 2018, otro Pablo Iglesias. Tan vilipendiado como el primero, igual de honesto.

 

 

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Cepillar el presente a contrapelo

Decía Reyes Mate hablando de la figura del trapero de Walter de Benjamin que al trapero no se le oculta que el sistema funciona creando desechos que luego recicla y aprovecha como alimento de la maquinaria. Esto y no otra cosa es lo que he podido ver con mis propios ojos esta mañana, cuando camino del trabajo me he encontrado con una fila de personas que daba la vuelta dos veces a la Plaza de España en Madrid.

Cuando he preguntado qué hacían me han dicho que estaban esperando para entregar un curriculum en mano porque una cadena hotelera había anunciado un “casting” (si, luego leí el anuncio y ponía literal casting) para entregar los curriculum presenciales. 

A partir de aquí lo primero que se pregunta uno es por qué una cadena hotelera de lujo organiza una recogida de curriculum presencial y en solo un día en pleno siglo XXI. Pues porque, a pesar de que nos mienta el gobierno, los empresarios saben muy bien lo jodida y necesitada que está la gente, básicamente porque son ellos, en connivencia con nuestro gobierno, los que nos están jodiendo. Y cómo saben esto la respuesta a la pregunta  es clara, tan sencilla como cruel: 

Sabían que esto iba a pasar, sabían que miles de personas necesitadas de un empleo se iban a acumular a las puertas de su hotel. Y miles de personas haciendo fila no pasan desapercibidas: sabían que iría la prensa y  sabían que en los telediarios de hoy toda España iba a conocer que un nuevo hotel de lujo de la cadena X había abierto en Plaza de España en Madrid. Publicidad gratuita en medios nacionales sin pagar un euro. Y todo gracias a los parados. Repugnante pero efectivo.

Nunca antes se me apareció tan claro Walter Benjamin y su trapero cómo en ese momento, cuando he podido ver al Capital alimentándose de sus víctimas. Pero también se me ha aparecido Walter Benjamin para recordarme otras cosas: en sus Tesis sobre la historia Benjamin nos decía  que “la historia no se reduce a la historia del grupo de los vencedores ” y nos conminaba a “cepillar la historia a contrapelo” para salvar del olvido a sus vencidos.

Y como creo que lo que vale para Historia vale para el presente lo que debemos hacer es cepillar el presente a contrapelo, y aprovechar esta burda y cruel manipulación de las necesidades de la gente para señalar que el Presidente Rajoy está desnudo, que no hay recuperación, que no nos lo creemos porque no lo sentimos.

Esta fila de más de 3000 personas, producto del sufrimiento de la gente ante la crisis, tiene que servir para desenmascarar al mentiroso gobierno de Rajoy y sus compinches cuando nos quieren vender que ya no hay crisis porque se está creando empleo.

Esta fila de más de 3000 personas para 100 puestos tiene que ser un bofetón en toda la cara para los que se creen estás mentiras. A ver si despiertan.

Esta fila de más de 3000 personas tiene que dar la vuelta a España, para que no tengamos que esperar a que sea  el  ángel de la historia de Benjamin el que tenga que recuperar la memoria de los vencidos mientras es  arrastrado por una tormenta llamada progreso, para que no  tenga que  mirar con ojos desorbitados las ruinas de un pasado que ya no puede recomponer. Para que los vencidos sean (seamos) rescatados en nuestro presente, aquí y ahora.

 

 

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Los demonios de la prensa

Si este lunes hubiera aterrizado un extraterrestre y hubiera leído la prensa afecta al régimen del bipartidismo (o, lo que es lo mismo, el 90% de los periódicos y televisiones) habría pensado que un partido llamado Podemos, que debía ser muy de centro y muy querido por la prensa, se convirtió de repente y en un solo fin de semana en un partido ultra radical, una mezcla del PCUS, del PCCh, de los jemeres rojos y del Partido Comunista del Infierno si lo hubiera. Todos barriendo para casa, desde el PP hasta los del PSOE, que han llegado a hablar del Pablismo-Leninismo (!!!)

Pero nada nuevo bajo el sol. No olvidemos que esto es lo que llevan diciendo y haciendo desde que se fundó Podemos hace 3 años, intentando imponer su relato, su realidad paralela (o postverdad que dicen ahora) para convertirla en hecho.  Todavía recuerdo que cuando faltaban apenas unas semanas para las elecciones del 20–D (2015), un sociólogo y candidato a diputado de una de las patas del bipartidismo, en la presentación de un libro suyo, comentaba que las encuestas daban un Podemos inflado y que,  en el momento de la verdad, cuando los ciudadanos depositaran su voto en la urna, sus resultados no iban a ir mucho más allá que el mejor resultado de IU con Anguita allá por 1996

Cuando escuché esto, pensé que, o bien no era un buen sociólogo, porque confundía su se deseo con la realidad, o bien no era buena persona, porque a sabiendas de la obviedad del buen resultado que se esperaba de Podemos, acompañado de un sonoro batacazo de su partido, utilizaba su condición de profesional de la sociología para intentar influir  y desanimar al electorado apelando, una vez más, al voto útil. Cualquiera de las opciones, no le dejaba bien parado.

Y en ese bucle continuo de manipulación interesada está la prensa de nuestro de país desde hace tres años: cuando Podemos no se presentó junto a IU, Alberto Garzón era el chico bueno de la izquierda, ese republicano moderado, que no molestaba al régimen y al que había que votar en contraposición del diablo morado y con coleta, pero ¡ay! amigos… en cuanto se anunció que Podemos e Izquierda Unida se presentarían juntos a  las elecciones del 26-J pasamos a tener dos diablos: uno  morado y otro rojo. A pesar de todo, Unidos Podemos mantuvo el tipo y se convirtió, de facto y tras la rendición del PsoE al PP,  en el primer partido de la oposición

¿Qué hacer, entonces, para debilitar a Podemos?,  se debían preguntar los de siempre mientras se rascaban la cabeza (y algunos la calva o la barba).  Pues ante la resistencia al bombardeo exterior habría que intentar minar desde el interior: aprovechando que Podemos tenía por delante un cónclave en el que debían decidir qué y cómo querían ser en el futuro, nada mejor que inflar sus diferencias (que sí, que las había y las habrá) hasta hacerlos explotar.

Bien es cierto que Podemos ha colaborado soplando ese  globo en ocasiones con más fuerza que los que lo querían explotar desde fuera, pero nadie negará que, al mismo tiempo, este fin de semana han dado un ejemplo de transparencia y participación democrática, que  han sido sus militantes los que han elegido el rumbo de Podemos de manera consciente y soberana y que si ahora sus dirigentes saben  cerrar heridas, todo este proceso puede (y debe) haber servido para conseguir un Podemos más fuerte y unido, para convertirse, ahora sí,  en alternativa de Gobierno al “más de lo mismo” que suponen PP y PsoE. Y la prensa del régimen, mientras tanto,  que siga con sus demonios, que nos hace más fuertes.

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LO QUE QUIERO DE VISTALEGRE II

Escribí hace unos años en mi blog un artículo que titulé “Me duele el Congreso”. Concretamente en septiembre de 2012. Contaba, entre otras cosas,  que me dolía verlo parapetado tras vallas de dos metros de altas por la alarma que suscitó en el Gobierno la convocatoria popular “Rodea el Congreso”. Daba pena ver la casa de todos  bunkerizada como ni siquiera la había visto en los peores años del terrorismo de ETA.

Me preguntaba en aquel momento cómo se había producido ese divorcio entre  representantes y representados o, lo que es lo mismo, entre la clase política y el pueblo. Intenté responderme  acudiendo a mi experiencia laboral de seis años en el parlamento y lo que pude observar en aquel tiempo.  Recuerdo que escribí que se podía entender si atendía a la división de las tres tipologías de diputadas y diputados que, de manera algo reduccionista pero bastante útil, me había formado.

En primer lugar, entre los 350 diputados había un grupo que cumplía perfectamente con los tópicos del diputado vago, mal trabajador que solo va para apretar un botón y para aprovecharse de todos los mecanismos que el Congreso debe poner para que cualquier ciudadano/a, sea cual sea su extracción social, pueda ejercer su derecho de presentarse a unas elecciones y ser elegido. Hoy, igual que entonces, digo que no estoy totalmente en contra en contra de que ser parlamentario este bien pagado, ni de que  se paguen los desplazamientos  hechos en función del  cargo ni la vivienda en caso de que sean de fuera Madrid. Pero si he de estar en contra del uso y abuso que realizaban ciertas señorías de estas “ventajas” y creo que debieran dar cuenta de todos y cada uno de los viajes, explicar cómo, por qué y para qué los hacen. “Con transparencia y rendición de cuentas se acaba este problema”, decía entonces.

Después hablaba de un grupo de parlamentarios muy trabajadores, pero por desgracia muy “institucionalizados”, tan empotrados en la maquinaria política que habían perdido su contacto con la realidad, una especie de “déspotas democráticos” que creían (creen) que el pueblo no sabe lo que quiere y que son ellos, en su sapiencia, los que nos van a salvar del caos. Dentro de estos parlamentarios que trabajaban mucho veía otro grupo peor, que sí que eran y son conscientes de la realidad y por eso trabajaban (y gobiernan) para los de siempre, para los que de verdad tienen el poder. Lo de los primeros pensaba que tendría  solución, que más tarde o más temprano se caerían del caballo (como estábamos haciendo algunos) y que si no caían solos, los descabalgaría la sociedad (como así ha sido en gran parte). De los segundos, por supuesto, nada que esperar, siguen siendo, como lo eran entonces, muy peligrosos.

Finalmente, y cómo no todo iba a ser malo, hablaba de políticos y políticas “de verdad”, de los que eran conscientes de que son servidores públicos, los que, como diría aquel, son contingentes, y saben que su obligación es atender la voz del pueblo. Rara avis en aquel momento el Congreso, había pocos, y los únicos que yo vi estaban a la izquierda, algunos y algunas en el PSOE (aunque se les veía poco) y también en IU y los grupos pequeños.

Por esos pocos políticos y políticas me resistía a participar en la marcha de “Rodea al Congreso”. Pero finalmente asistí, sobre todo por ver con mis propios ojos lo que allí había y no esperar a que luego me lo contarán, o peor, me lo mintieran. Y lo que vi es mucha juventud, mucho estudiante comprometido, pero también gente mayor y, sobre todo, mucho PUEBLO, gente normal, gente enfadada y despechada (con razón) fruto de este divorcio en el que ya no reconocíamos a nuestros representantes. Podía haber dicho que había muchos indignados, pero al contrario, lo que vi fue personas DIGNAS siendo apaleadas (literalmente) por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, NUESTRO ESTADO.

Todo eso y mucho más  estaba pasando antes de que naciera Podemos. En lo personal eran momentos de efervescencia política. Todavía militaba en el PSOE, eso sí, clamando por un cambio, por un giro a la izquierda, por un cambio también en el modelo de partido, pidiendo más democracia, más honestidad y más transparencia, entre otras cosas. Debatiendo con profesores de universidad que me decían que era el momento de que la gente de la calle tomará las instituciones (Carmelo, siempre tan certero), elucubrando que tal vez era la hora de que “todas las mareas se fundan en una sola pero heterodoxa marea ciudadana, un nuevo Frente Popular pero sin siglas”… pero los partidos tradicionales estaban como siempre, ciegos y sordos.

Y en esas surgió Podemos. Y empezó a decir y, más importante, a hacer, lo que ningún partido había hecho hasta el momento. Con eso ha conseguido que, casi cinco años después de escribir que me dolía el Congreso, pueda ver que la composición del arco parlamentario haya cambiado sustancialmente y  ahora se haya llenado de PUEBLO, de esas personas dignas a las que se había echado sobre sus hombros todo el peso de la crisis.

Todo esto creo que es fundamental que no se olvide en Vistalegre II: de dónde viene Podemos, quién lo forma y, sobre todo, a quién se debe.  Debemos tener cuidado de no convertirnos en esos parlamentarios institucionalizados que pierden el pulso de la calle, abducidos por la rueda de hámster a la que, en ocasiones, se parecen los parlamentos con su maraña de PNLs, mociones, peticiones de comparecencia, declaraciones institucionales, que la mayoría de las veces no tienen trascendencia para la vida de las personas. Debemos seguir estando con los de abajo, llevando sus preocupaciones al parlamento, sí, pero sobre todo acompañándoles en la legítima protesta sin la cual se hacen invisibles. Podemos debe seguir siendo la voz de los que no llegan a fin de mes, de las personas que tienen problemas para calentarse en invierno, debe estar con (y en) las mareas ciudadanas. En definitiva, Podemos debe seguir siendo el partido de esas personas dignas que de una forma u otra siguen siendo apaleadas por el Estado, porque lo que nos jugamos en Vistalegre II nos es el futuro de Podemos, es el futuro de un país.

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Ni de izquierdas ni de derechas

En realidad, y a pesar de las diferentes denominaciones que adoptan las diversas agrupaciones burguesas, sólo existen dos partidos verdaderamente distintos: el partido que quiere conservar el presente estado de cosas, esto es, que defiende de un modo más o menos velado los privilegios de los ricos, y el partido que quiere establecer un nuevo régimen social basado en el principio de la igualdad política y económica de todos ´los ciudadanos

¿De qué partido hablamos y quien firma la frase?

Si creemos que esto se escribió ayer, no dudaremos en decir que “el partido que quiere establecer un nuevo régimen social basado en el principio de la igualdad política y económica de todos los ciudadanos” es Podemos (Unidos-Podemos) y que “las diversas agrupaciones burguesas” que defienden los “privilegios de los ricos” son los partidos del régimen: PSOE-PP-Cs. Por supuesto, pensaremos que la frase es, casi con seguridad, de Pablo Iglesias.

Pero no, realmente lo firma un  socialista, Antonio Fabra Ribas, y lo hace un 27 de marzo de 1910 en el semanario Vida Socialista. El artículo se titula “El Partido Socialista y los demás partidos políticos”. Su contenido, tan actual que lleva a la confusión, nos hace pensar que cuando un 28 de octubre de 1982 un tal Alfonso Guerra dijo desde la ventana del Hotel Palace (el lugar elegido parece una premonición del aburguesamiento que iba a sufrir el PSOE) dijo aquella famosa frase “Vamos a poner a España que no la va a reconocer ni la madre que la parió”, realmente lo que quería decir es que al “PSOE no lo iba a reconocer ni el Pablo que lo fundó”

Y es que el artículo contiene párrafos como este:

Si se quiere colocar al Partido  Socialista en el lugar que verdaderamente le corresponde, no hay que considerarlo ni a la derecha ni a la izquierda de ningún otro partido, sino enfrente de todos ellos.”

Así que el famoso lema que utilizó con profusión Podemos “ni de izquierdas ni de derechas” y que muchísimos socialistas usaron para criticar a Podemos, ese “ni de izquierda ni de derechas” por el que algunos dirigentes y militantes del PSOE  se atrevían a llamar “falangistas” a Podemos…ese lema ya era usado (y argumentado con coherencia)  por un dirigente socialista  en 1910.

Han pasado 106 años desde que se publicara ese artículo y, por desgracia, hoy no lo podría firmar ningún dirigente socialista. No creo que sea verdad que el tiempo pone a cada uno en su sitio, porque en este caso no ha sido el tiempo sino sus dirigentes los que han llevado al PSOE al lugar donde se encuentra, en el lado de los partidos que “que quieren conservar el presente estado de las cosas”. Por esto, muchos que militábamos en el PsoE nos hemos ido al sitio que nos corresponde 130 años después, nos hemos ido al partido de Pablo de Iglesias.

***

Os copio el artículo de Fabra Ribas publicado el 27 de marzo de 1913 en Vida Socialista, nº 13, pp. 5-6

El Partido Socialista es la representación genuina del proletariado organizado en el terreno político, de la misma manera que el Sindicato es la expresión de la clase obrera organizada en el terreno económico. Por lo tanto, no se puede considerar al Partido Socialista como un partido más, es decir, como la izquierda o la extrema izquierda de los partidos políticos que en la actualidad existen. Si se quiere colocar al Partido Socialista en el lugar que verdaderamente le corresponde, no hay que considerarlo ni a la derecha ni  a la izquierda de ningún otro partido, sino enfrente de todos ellos.

En realidad, y a pesar de las diferentes denominaciones que adoptan las diversas agrupaciones burguesas, sólo existen dos partidos verdaderamente distintos: el partido que quiere conservar el presente estado de cosas, esto es, que defiende de un modo más o menos velado los privilegios de los ricos, y el partido que quiere establecer un nuevo régimen social basado en el principio de la igualdad política y económica de todos los ciudadanos.

La burguesía figura en el primero de dichos partidos y el proletariado en el segundo.

El partido burgués es fatalmente conservador o, a lo más, reformista. El partido obrero, en cambio, es esencialmente revolucionario.

Con relación, pues, al Partido Socialista, la burguesía forma una sola y única masa reaccionaria de variados matices, comprendiendo desde el negro más pronunciado de los llamados absolutistas, hasta el rojo más vivo de los que se apellidan radicales.

Las diferencias entre los distintos partidos burgueses son todas de orden político, y por hondas que las mismas parezcan a primera vista, se desvanecen siempre cuando se trata de defender los intereses del capital. En cambio, las diferencias entre todos y cada uno de los partidos burgueses y el Partido Socialista son completamente irreductibles, puesto que dimanan de intereses, no tan sólo distintos, pero también antagónicos.

 De ahí se sigue que si bien entre las fracciones burguesas pueden estallar conflictos que degeneren en guerras o en revoluciones, tanto las unas como las otras no podrán nunca resolver más que una cuestión previa con relación al problema capital de la emancipación proletaria.

Para resolver éste de un modo definitivo hay que ir a la revolución social, la cual sólo puede ser llevada a cabo por los obreros organizados en partido de clase, ya que únicamente la clase obrera tiene un positivo interés en cambiar el actual régimen económico y sólo ella cuenta con los medios necesarios para efectuar un tal cambio.

El Partido Socialista puede, sin embargo, aliarse en determinados momentos con los partidos avanzados de la burguesía para obtener una reforma política de gran transcendencia; pero en ningún caso puede pactar con ellos para conseguir su ideal de emancipación humana.

En el terreno político los socialistas prefieren la República a la Monarquía. Y no porque crean que con la primera la condición de los asalariados ha forzosamente de ser mejor que con la segunda, sino porque una vez implantada la República, la burguesía y el proletariado se encontrarán frente a frente, en línea de batalla, fatalmente abocados á dirimir una contienda que no puede ser eludida ni velada por las luchas que á menudo se suscitan alrededor de los intereses dinásticos.

A loa ojos de los socialistas la República burguesa se presenta, pues, como el campo de batalla ideal en donde el proletariado puede mejor y con mayor ventaja medir sus armas con la clase que explota a los asalariados y que monopoliza el Poder político.

Este y no más es el valor que los socialistas atribuyen a la República burguesa, puesto que saben perfectamente que por muy democrática y radical que ella sea, no sólo tolerará, sino que hasta defenderá y amparará a los reyes de los campos, de las fábricas y de los talleres.

Y los socialistas—que en realidad son los únicos republicanos, ya que sólo ellos defienden la República integral—no se dan por satisfechos suprimiendo á los reyes de cetro y corona, sino que, además, quieren acabar con los tiranos que, en plena civilización, trafican con carne humana y fundan toda su preponderancia y toda su fuerza en la miseria de la gran masa.

 

  1. Fabra Ribas.
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