¿De dónde salen los libros?





No pretendo responder con este post a la pregunta que le da título. Probablemente tenga cientos de respuestas distintas, o miles. Y probablemente incluso todas sean acertadas. Si atendemos a la pulsión por la que surge la necesidad de escribirlo Stefan Zweig nos da una bonita explicación en la introducción de su biografía de Magallanes:

“Los libros pueden tener su origen en los más variados sentimientos. Se escriben libros al calor de un entusiasmo o por un sentimiento de gratitud, pero también la exasperación, la cólera y el despecho puede, a su vez, encender la pasión intelectual. En ocasiones, es la curiosidad quien da el impulso, la voluptuosidad psicológica de explicarse a sí mismo, escribiendo, unas figuras humanas o unos acontecimientos; Pero otras veces -demasiadas – impelen a la producción motivos de índole más delicada, como la vanidad, el afán de lucro, la complacencia en sí mismo.”

He recordado estas palabras de Zweig debido a que  me vienen a la cabeza cuando pienso en las razones del porqué Gabriela y yo hemos escrito un libro sobre las Juventudes Socialistas en Aragón. Y es que una de esas razones es la gratitud que les debemos a cientos de jóvenes aragoneses y aragonesas que, hace más de 70 años, quisieron hacer realidad las ideas de igualdad, libertad y progreso;  y solo por esto, por aspirar a un mundo más justo, fueron perseguidos y asesinados.

A esta gratitud que les debemos a estos jóvenes se suma nuestra pasión por la historia. Como dice Carlos Forcadell en la introducción de nuestro libro, hemos querido que la historia y la reparación de la memoria vayan de la mano. Él mismo define a la perfección muchas de las razones que nos han llevado a escribir sobre la Juventud Socialista en Aragón:

“Ha sido un trabajo fruto de la pasión de los autores por la historia. Pero también responde a su compromiso como jóvenes socialistas y a su voluntad explícita de rendir homenaje, de volver a dar voz, a aquellos que nos precedieron en la lucha y el trabajo por avanzar hacia un mundo más justo, más libre, más igualitario.”

Pero tener motivos no es suficiente para escribir un libro. En el caso de un estudio de historia ha de estar precedido de una labor ingente de documentación, de análisis y de estudio de las fuentes. No basta con ponerse a escribir, que no es poco.

Una buena muestra de ello es la foto que ilustra este post, en la que aparecen muchos de los libros y documentos de los que nos servimos para nuestra investigación. Para documentarnos hemos tenido que leer previamente decenas de libros, visitar multitud de archivos, entrevistar a varias personas, etc. En la foto, como se suele decir, no están todos los que son pero si son todos los que están. A los libros que se ven hay que sumarles otros muchos que hemos consultado en bibliotecas; dentro de las memoria USB hay más de quinientos ejemplares de prensa de la época. También más de mil de documentos que encontramos en el Centro Documental de la Memoria Histórica. Con todo eso y mucho más (entrevistas, conversaciones, discusiones entre los autores, etc.) hemos intentado escribir un relato sobre como pensaban estos jóvenes, cuáles eran sus ideas y que hacían para llevarlas a cabo.

Pero, sobre todo, hemos querido que su nombre no se pierda en el olvido. Esperamos haberlo conseguido

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