ME DUELE EL CONGRESO

Como supongo que ya sabéis la mayoría, durante cinco años estuve trabajando en el Congreso de los Diputados, algo que, porque no decirlo, me llenaba de orgullo y colmaba mis aspiraciones personales y profesionales. Y es que pienso que para quién no sería un honor trabajar en la casa de todos, allá donde los diputados y diputadas debaten sobre cómo nos queremos gobernar amparados en el mandato representativo que nosotros, el pueblo soberano, les damos a través de las elecciones.

A esta razón se sumaba mi condición de historiador y socialista, por lo que cada vez que me acercaba a Palacio, a la biblioteca, al hemiciclo, no podía dejar de pensar en todos aquellos que pisaron ese lugar: los primeros republicanos, como Salmerón, Pi  i Margall; los primeros socialistas ¡Pablo Iglesias! Y también Largo Caballero o Besteiro; las primeras mujeres, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken; o los comunistas Rafael Alberti y Dolores Ibárruri, junto al recientemente fallecido Santiago Carrillo.

Por eso una de mis pasiones fuera de mi horario de trabajo fue abrir las puertas y enseñar el Congreso a quién me lo pidió, por allí han pasado mi familia, por supuesto,  mi abuelo, mi  madre, mi pareja, mi hermana, mi suegro, mi cuñado, pero también mi amigos César, Noemí, Juan Ángel y María con su hijo Miguel, mi amigo Fidel,  amigas de mi madre, amigos historiadores, conocidos y conocidas, en definitiva, todo aquel que poco o mucho me conociera y me lo haya pedido. Porque siempre he pensado y sigo pensando que el Congreso tiene que ser la casa de todos. Todavía recuerdo con nostalgia esas visitas, esos microdatos que aportaba, como el de la mesa que el Zar de Rusia  regaló a Isabel II, hecha con maderas de bosques de Siberia y la ágata más grande del mundo, o cuando contaba que el frontispicio y los leones del Congreso estaban realizados por un aragonés, o mostraba la sala dónde retuvieron a Carrillo, González, Guerra y Suárez  la noche del 23-F, al lado de ese reloj único en el mundo, que jamás se ha estropeado, y tantos, y tantos otros…

Por eso, me duele ver el Congreso parapetado tras esas vallas de dos metros como no estuvo ni en los peores tiempos de ETA. Pero también por esos cinco años  que trabajé allí creo que entiendo perfectamente porque se ha producido este triste divorcio entre representantes y representados y lo puedo resumir, so pena de ser algo reduccionista, en tres puntos, que se corresponden con tres tipologías de diputados/as:

Primero, porque es cierto que entre los 350 diputados hay un grupo que cumple perfectamente con los tópicos del diputado vago, mal trabajador que solo va para apretar un botón y para aprovecharse de todos los mecanismos que el Congreso debe poner para que cualquier ciudadano/a, sea cual sea su extracción social, pueda ejercer su derecho de presentarse a unas elecciones y ser elegido. Nunca estaré en contra de que ser parlamentario este bien pagado, ni de que  se paguen los desplazamientos  hechos en función del  cargo ni la vivienda en caso de que sean de fuera Madrid. Pero si he de estar en contra del uso y abuso que realizan ciertas señorías de estas “ventajas” y creo que debieran dar cuenta de todos y cada uno de los viajes, explicar cómo, por qué y para qué los hacen. Con transparencia y rendición de cuentas se acaba este problema.

Segundo, porque hay otro grupo de diputados muy trabajadores, pero por desgracia muy “institucionalizados”, tan empotrados en la maquinaria política que han perdido su contacto con la realidad, una especie de “déspotas democráticos” que creen que el pueblo no sabe lo que quiere y que son ellos, en su sapiencia, los que nos van a salvar del caos. Dentro de estos parlamentarios que trabajan mucho hay otro grupo peor, que sí que son conscientes de la realidad y por eso trabajan (y ahora gobiernan) para los suyos: son las grandes fortunas del PP y su revolución ultra-conservadora. Lo de los primeros tiene solución, más tarde o más temprano se caerán del caballo (como estamos haciendo algunos) y si no caen solos, los descabalgará la sociedad. Los segundos son muy peligrosos, a los hechos del 25-S me remito.

Y en tercer y último lugar están los políticos de verdad, los que son conscientes de que son servidores públicos, los que, como diría aquel, son contingentes, y saben que su obligación es atender la voz del pueblo. Rara avis en el Congreso, pero los hay, supongo que alguno habrá sentado en el arco derecho del parlamento, pero los únicos que yo he visto están a la izquierda, algunos en el PSOE (aunque se les vea poco) y también algunos en IU y los grupos pequeños. Por estos políticos y políticas me resistía a participar en la marcha de ayer. Pero como digo, finalmente asistí, más que por compartir sus reivindicaciones, que no las comparto todas, fui para ver con mis propios ojos lo que allí había y no esperar a que luego me lo contarán, o peor, me lo mintieran. Y lo que vi es mucha juventud, mucho estudiante comprometido, pero también gente mayor y, sobre todo, mucho PUEBLO, gente normal, gente enfadada y despechada (con razón) fruto de este divorcio en el que ya no reconocemos a nuestros representantes. Iba a decir que había muchos indignados, pero al revés lo que vi fue personas DIGNAS siendo apaleadas por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, NUESTRO ESTADO.

Por eso me duele ver el Congreso así, y me duele pensar que durante cinco años, por acción u omisión, he podido ser corresponsable de lo que nos ha llevado a este punto. Pero no me voy a flagelar, antes voy a esperar que los verdaderos responsables entonen el mea culpa y comiencen a pedir perdón. Todavía no he visto a nadie.

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2 respuestas a ME DUELE EL CONGRESO

  1. santiago dijo:

    Paco, realmente la clase política esta muy alejada de los ciudadanos. En tu propia reflexión tienes la cuasa…LA PARTIDOCRACIA.
    Los politicos y los medios de comunicación sois muy críticos con los “errores “del partido de enfrente y muy laxos con las chorizadas propias. Nuestra corta democracia está llena de ejemplos.
    Mi experiencia en la vida es que hay buena y mala gente tanto en personas con ideas de la izquierda como de la derecha, y te diria mas, no hay mas en uno que en otro.
    En cambio cuando os escuchamos o leemos siempre es lo mismo: los mios son muy buenos y los contrarios malisimos.
    Cuando un politico se tira un pedo los del otro partido lo cuentan a los cuetro vientos y los del propio partido abren puertas y ventanas para que se aire. ..al final siempre nos lo comemos los mismo: los ciudadanos.
    Por eso estsmos artos de los politicos y añadidos y gritamos que no nos representan.

  2. Pingback: LO QUE QUIERO DE VISTALEGRE II | Mecomolacabeza

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