FORMAS DE HACER HISTORIA, NARRATIVA Y MICROHISTORIA.

Acabo de compartir en Slideshare uno de los últimos  trabajos que hice en la carrera de Historia, en concreto para la asignatura Tendencias Historiográficas Actuales, impartida por Elena Hernández Sandoica.

Es un breve ensayo basado en el libro de Peter Burke, Formas de hacer historia, en concreto sobre tres de sus capítulos: los dos escritos por Peter Burke, su “obertura”, un pequeño antecedente de los que nos ofrece su libro,  y el titulado “Historia de los acontecimientos y renacimiento de la narración”, y  el interesantísimo capítulo “Sobre microhistoria” de Giovanni Levi.

A lo largo del artículo se tratan tema muy interesantes sobre “Nueva Historia” frente a “Historia Tradicional”, sobre la  narrativa, la subjetividad,  la heteroglosia, las descripciones densas de Clifford Geertz, el término “invention” en Natalie Zemon Davies, etc, cuestiones todas ellas que darían cada una para un ensayo propio.

Os dejo un adelanto, pero sabed que los podéis ver o descargar tanto desde Slideshare como desde aquí.

Si nos fijamos en la fecha de edición de esta obra, 1991, no será difícil contextualizar la oportunidad de su publicación, porque en ese momento confluyen ciertos hechos que provocan que se hable (una vez más) de “crisis en la historia”. Como digo, en ese tiempo Francis Fukuyama había proclamado El Fin de la Historia en un momento en el que se suman, por un lado, la caída del comunismo, que se interpreta como la invalidez del Marxismo no solo como forma de Estado sino también como sistema filosófico y método de investigación histórica[1]. Por otro lado, la historia social, después de haber pasado por una edad de oro en las décadas de los 60-70, a partir de 1980 comenzó a sufrir una crisis de identidad que alertaba de la excesiva especialización capaz de producir, en palabras de Josep Fontana, la desintegración de la Historia y la pérdida del “objeto central de estudio que es el hombre en sociedad[2]”.

No fueron pocos los textos publicados en nuestro país en los dos años posteriores al artículo de Fukuyama. Me referiré a dos, al citado libro de Fontana que se publicó en 1991 y que consiste en un repaso a las nuevas formas de hacer historia y a las distintas “especializaciones”, al mismo tiempo que nos avisa, en su interpretación, de los peligros y carencias de estás vías. Algo similar realizó Julián Casanova dos años antes en La historia social y los Historiadores[3], donde tras analizar el nacimiento, auge y crisis en este caso de la Historia social, realiza un crítica de los ”retornos” (no tan cerrada y dura como la de Fontana) para propugnar finalmente un maridaje entre sociología e historia.

A poco que conozcamos la trayectoria de Burke y hayamos leído, por ejemplo, su Sociología e Historia, podemos sospechar que su respuesta será distinta a la de estos dos autores y no se va a encerrar en la defensa a ultranza de esencias o purezas de la historia. A pesar de ello, al hilo de la cada vez mayor amplitud del campo de estudio, reconoce que ante “este universo en expansión y fragmentación se da una progresiva necesidad de orientación[4]”, que es en lo que pretende convertirse su libro: una guía  en la que diversos autores van a realizar un pequeño ensayo sobre “algunos de los movimientos relativamente recientes” que, como veremos, nos van a servir para conocer las debilidades, amenazas, fortalezas y oportunidades que nos ofrecen están nuevas formas de hacer historia.

No se queda Burke en este simple anuncio del contenido de su libro, sino que se atreve también a explicarnos en seis puntos las diferencias entre lo que se entiende por “Nueva Historia” frente a “Historia Tradicional”, poniendo sobre la mesa aspectos tan interesantes como el objeto de la disciplina, esencialmente político en la tradicional frente al concepto de historia total de la nueva historia, que lleva más allá el significado de totalidad braudeliano y “ha acabado interesándose por casi cualquier actividad humana[5]”; tal vez sea este uno de los aspectos más polémicos de esta nueva historia que repele a muchos historiadores más tradicionales[6].

[1] En mi interpretación, si el marxismo entra en crisis en cuanto a método de investigación histórica, lo hace porque en esa época se produce una crisis de identidad de toda la historia social y, también, por las propias limitaciones del marxismo y del estructuralismo en general y su validez como método de análisis histórico, algo que no tiene tanto que ver con la caída del telón de acero y el fin de los regímenes comunistas del este de Europa.

[2] FONTANA, J. La historia después del fin de la historia. Barcelona. Crítica, 1992. Pág. 85

[3] CASANOVA, J. La historia social y los Historiadores. ¿Cenicienta o princesa? Barcelona. Crítica (de bolsillo). 2003

[4] BURKE, op. cit. (nota 1), Pág. 12

[5]Ibídem, Pág. 14

[6]FONTANA, op. cit. (nota 4), Basta con leer el capítulo  titulado “El cientifismo y la desintegración de la historia” págs.79-86, donde el autor abomina de estas prácticas considerando incluso una “aberración” que la historia oral sea considerada más que una fuente.

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