He comprado patatas por encima de mis posibilidades.

Ayer comencé el día con alegría. Supongo que los parados como yo saben por qué, y es que sí, ¡era día de cobro! Esto supone que después de unos días sin poder hacerlo y tras ir esquilmando la despensa, he podido bajar y hacer una compra. ¡Ay, esas pequeñas cosas que te alegran la vida! Tan contento estaba que en lugar de comprar las patatas de siempre (49 cts./Kg.) he decidido darme un homenaje y comprarme patatas rojas (79 cts./Kg.). Esto, que en principio me ha hecho sentir de puta madre, ha comenzado, poco a poco, a crear dentro de mi cierto sentimiento de culpabilidad: que si por el mismo precio en lugar de dos kilos podía haber cogido casi cuatro, que si además podía haber cogido otra docena de huevos, que si ya verás tú a fin de mes… de ahí a mirar la bolsa de la compra y sentirme mal por haber comprado una tableta de chocolate, no ha habido más que paso.

Esto me ha hecho pensar en los tiempos, no tan lejanos, en que casi ni miraba el precio de las patatas…¿habré vivido, cómo dicen, por encima de mis posibilidades? Para contestarme a mi mismo, he hecho un repaso por los diez últimos años de mi vida, aquellos en los que, afortunadamente, he tenido ciertos trabajos decentes. La verdad que vivía que te cagas. Llegaba muy justo a fin de mes, nunca he tenido un sueldo de tirar cohetes pero la paga extra de junio me permitía repartirme algo más de cien euros extra para cada mes. La de diciembre no la cuento porque solía ser para la matrícula de la universidad. Con lo que me sobraba de esa extra, me compraba un par pantalones y unas camisas y, si tocaba ese año, un abrigo. Por otro lado, hace seis años me quite un gasto: el coche, que ya estaba en una edad muy mala y casi se fue solo la chatarra (si no se fue solo es porque un día se paró y ya no hubo manera de reanimarlo). Esto me sirvió, además de para ahorrar un poco (mucho), para demostrarme que se puede vivir perfectamente sin coche, algo que no concebía hasta ese momento.

Y es que vivía tan bien que hasta llegaba navidad y los cumpleaños y compraba regalos para todos: un año libros, otro zapatillas de estar por casa, a veces un compact disc, otras veces libros de nuevo…¡qué dispendio! Tanto, que un año estuve, como dice la película, de vacaciones en Roma (cinco días-cuatro noches). Otro, tres días en la playa, y el resto me he conformado con subir al Pirineo o al Moncayo, con salidas de fin de semana o con ir a mi pueblo o al de mi novia, o sea, que he vivido como Dios, pero sin pasarme, por lo que el problema debe estar en que he comprado patatas por encima de mis posibilidades.

Dicho esto, al próximo jerifalte que me diga que he vivido por encima de mis posibilidades le diré que sí, que la culpa es de las patatas que he comprado, que no miraba si me costaban a 49 o 79 cts., pero le diré también que como me hable de austeridad lo siguiente que va a sentir es una patata dentro de su culo. Porque si de austeridad quieren saber, desde aquí le propongo a nuestro Presidente del Gobierno, tan aficionado a la letanía del hemos vivido por encima de nuestras posibilidades como a las pantallas de plasma, que para salir en la tele mejor nos apuntamos al reality Me cambio de familia, para que sepa lo que es austeridad. Así, mientras yo recojo unos sobres para poder seguir despilfarrando en patatas, el aprende a vivir como el español de a pie. Lo peor que aún encima le iba a hacer un favor: demostrarle que viviendo con l@s mí@s se puede ser feliz por encima de nuestras posibilidades.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Maxipost y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a He comprado patatas por encima de mis posibilidades.

  1. Pingback: He comprado patatas por encima de mis posibilidades. | Mecomolacabeza | El GINESTRAL

  2. Juan José Jiménez Blázquez dijo:

    Hay dos cosas que a estos ultras les molesta muchísimo: la gente adinerada que defiende posturas de izquierda (como Bardem, por ejemplo) y las personas asalariadas que hace cuarenta años tenían lo justo para llegar a fin de mes pero ahora pueden hacer cosas como esquiar o dormir en un parador. Y están empeñados en que los pobres curritos vuelvan a aquellas épocas oscuras, esos tiempos en los que los que ahora nos mandan y sus padres estaban ayudando en su trabajo a un dictador (éstos) o preparando su futuro (aquéllos) para lo que iba a venir, es decir, la democracia.
    Mirad el currículum de los miembros del gobierno. El que no es miembro del Opus está en Comunión y Liberación. O es hijo de franquista (entendiendo como tal aquel que colaboró o asistió como convidado de piedra al espectáculo de la dictadura). O las dos cosas.
    Y es que a estos señoritos, caciques, remedos de Juan Diego en Los Santos Inocentes, les molesta tener que compartir una pista con un profesor, o encontrarse en un buen hotel con una enfermera, o cenar en un restaurante de moda con un fontanero y su mujer.
    Agua y aceite. Ellos y nosotros. Sin mezclas. Como en Sudáfrica hace 40 años. Como en España hace cuarenta años.
    Juanjo Jiménez, profesor de Secundaria

  3. Pingback: Escraches: cepillar el presente a contrapelo | Mecomolacabeza

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s