Hércules Poirot y el putsch del PSOE

Pasadas apenas unas horas del putch interno que han perpetrado en el PSOE,  no puedo resistirme a escribir unas reflexiones a vuelapluma. En primer lugar, como ciudadano de izquierdas, quiero expresar mi profunda tristeza por lo que considero una puñalada muy grave no solo a la voluntad de los militantes de ese partido sino a tod@s aquell@s que confiábamos en poder desalojar del Gobierno al partido de la corrupción y de las políticas regresivas y antisociales. Me es fácil sospechar a qué intereses sirven los barones del PSOE que tras las elecciones del 20 de diciembre prohibieron a su Secretario General la posibilidad de formar un gobierno de izquierdas con Podemos (y la aquiescencia de los independentistas) y que ahora que este, aunque fuera por pura supervivencia, parecía dispuesto a formar un gobierno verdaderamente de izquierdas, no han dudado ni un momento a la hora de recrear unos idus de marzo en pleno otoño.

Hasta ahí mi opinión como ciudadano, ahora bien, atendiendo a mi formación como Historiador y siendo uno de mis objetos de estudio la historia de la familia socialista, no puedo otra cosa que disfrutar de la posibilidad que me ofrecen de observar un momento histórico en vivo y en directo.

Han sido muchos y muy importantes los desencuentros internos en en este Partido, ya desde su propia creación vivieron tensiones sobre su “parlamentarización” o “bolchevización”, fue polémico su apoyo accidentalista a la dictadura de Primo de Rivera, con la Segunda República se produjo uno de los mayores enfrentamientos entre Largo Caballero, que controlaba el Grupo Parlamentario y la Ejecutiva dominada por Indalecio Prieto, no podemos olvidar la posterior purga de los negrinistas y, tras el largo exilio, el enfrentamiento de Rodolfo LLopis con el interior y el “clan de los sevillanos”. (Por cierto, unas disputas más ideologizadas que ahora, puesto que aquí la discusión creo que está más cerca del “quítate tú, pa ponerme yo” que de una diferencia ideológica real)

Pero si de todas esas disputas el PSOE supo salir más o menos reforzado o adaptado a los tiempos, a lo que podemos estar asistiendo ahora es a la desaparición de un Partido centenario, que lleva consumiéndose poco a poco como una enana blanca desde aquel “me cueste lo que me cueste” de Zapatero hasta estallar como una supernova en el día de hoy.

A los historiadores nos quedará analizar el porqué de esta desaparición si la hubiere y encontrar los “quiénes” responsables de la misma. Hace unos meses aposté porque Sánchez sería el enterrador del PSOE, entonces pensaba que el fallecimiento del Partido sería por muerte natural, hoy parece que va a ser un asesinato, y como en una famosa novela de Agatha Christie, todos los sospechosos son culpables.

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Un debate a dos

Últimamente en este blog solo escribo cuando hay elecciones, por eso hoy  me ha parecido un buen día para volver a sentarme a escribir y dar mi opinión, no solo del esperado debate de ayer sino también de las reacciones y comentarios  realizados por tertulianos profesionales y “amateurs” (o lo que es lo mismo, por mis amigos y amigas).

Si en algo parece haber  acuerdo es en que Rajoy “salvó los muebles”, “salió vivo”, “lo hizo mejor de lo esperado”, etc. Pero, ¿tan poco se le exigía a Rajoy que su penosa actuación de ayer  le sirve para salir airoso? Estamos hablando de un presidente del Gobierno que es incapaz de hacer otra cosa que leer cifras y datos sobre nuestra macroeconomía, algunos tergiversados o directamente falsos, lo que en cualquier país le costaría un buen saco de votos. Pero incluso aunque los datos fuesen ciertos, con esa retahíla de números se olvida, como le recordó Pablo Iglesias, de  la gente que ve cómo  tras años de apretar el cinturón (solo el de los más pobres, claro) la situación no mejora ni tiene visos de hacerlo.  Por esto y por su trayectoria, cuando Rajoy pide que le votemos porque con él todo será de color de rosa, solo se le puede contestar desde el marxismo, pero el de Groucho: “y tres huevos duros”.

Si después de esta flojísima actuación Rajoy sale vivo y gana las elecciones es que en este país tenemos un problema: o hay mucha gente capaz de creerse las mentiras de Rajoy o hay una poquita más de gente a la que no le ha ido tan mal y se la suda que los de abajo estén peor…no sé cuál de las opciones me asusta más.

Cuando la exigencia es tan mínima, resulta sorprendente que el que peor lo tenía, Pedro Sánchez, no salga ni siquiera un poquito mejor que cómo entró. Parece que de nada le ha servido quedar a estudiar con su amigo Albert, porque sí, visto lo visto parece que quedaron la tarde de antes para preparar juntos el debate y, sobre todo,  parece que habían acordado no hacerse daño el uno al otro. En este reparto de papeles a Pedro le toco meterse más con Pablo, que es quién  le quita los votos, y a Albert con Rajoy, que parece que pesca mejor en ese caladero, pero como el alumno más brillante o, como poco, mucho más ambicioso, es  Albert, este  decidió avanzado el debate que su compañero estaba siendo  muy suave y se puso a repartir estopa a ambos lados y agitar el fantasma de Venezuela, que si no lo dice revienta.  Pero de tan manido, este tema ya no funciona, y menos después de que el Tribunal Supremo rechace el trámite de estas acusaciones una vez sí y otra también.

Es una pena que un momento crucial para nuestro país el PSOE tenga como líder un muñeco de trapo, que como al Woody de Toy Story se le tiré de una cuerda para soltar frases hechas y que en este debate se quedó enganchado en el  lloriqueo de “no soy presidente porque Pablo no quiso”, mantra que repitió hasta la saciedad, cuando todos sabemos, Pedro, que no eres presidente porque preferiste echarte en brazos de la derecha a encabezar un gobierno progresista.

Por último, Pablo Iglesias, que podía haber recurrido a la épica y destrozar, cual Heracles a Orto, a ese engendro de dos cabezas en el que se convirtieron Pedro y Albert. No lo hizo, prefirió ponerse el traje de alternativa real de gobierno, eligió el tono pausado pero firme,  eligió proponer en lugar de destruir, tendió la mano a Sánchez, una vez más, no será la última, y le dio la oportunidad de situarse en el lado del cambio. Pero por desgracia, Pedro parece que ni está ni se le espera.

Si he titulado este post debate a dos es porque a pesar de haber cuatro contendientes, se puso de manifiesto que solo hay dos opciones, que se pueden llamar de muchas formas: cambio o inmovilismo, derecha o izquierda, estar con los de arriba o los de abajo, etc. Las llamemos como las llamemos, ayer me quedo claro dónde está Pablo y dónde están Mariano, Albert y ese convidado de piedra en que se convirtió Pedro.   El votante del PSOE se merece algo más que eso, esperemos  que, como han hecho ya millones de ellos, muchos pierdan el miedo y voten por el cambio, porque unidos podemos.

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¿TRAIDORES?

Si me viera en el aprieto de tener que explicar con una frase porque decidí estudiar historia me quedaría con una del maestro Tuñón de Lara  y diría que lo hice porque me sirve “para tener una visión equilibrada de los hechos y no desorbitar el presente de cada día ni dejarnos devorar por él”. Una frase que resume una actitud muy apropiada para enfrentarse a los hechos que nos rodean hoy, nada menos que una intensa campaña electoral, en la que muchos se están echando las manos a la cabeza cuando han aparecido en escena unos partidos nuevos que se atreven ¡válgame el cielo! a pedir el voto de los ciudadanos que antes votaban a los partidos “viejos”.

Un partido que anda como pato sin cabeza es el  PSOE, que viendo que va a perder un saco de votos (por no decir un camión de votos) en favor de Podemos se revuelve como gato panza arriba llegando al punto de llamar traidores, vendidos o, incluso, ignorantes que se dejan engañar por el enemigo, a todas aquellas personas que antes habían confiado en ellos depositando el voto de la rosa roja en la urna. Claro, como si haber votado o militado en el PSOE fuera como el santo matrimonio, hasta que la muerte nos separe. Espantados como están por la desfachatez de Podemos, que tienen el descaro, ¡oh, Dios mío! de pedir el voto a los que antes votaron socialista, solo se les ocurre insultar al “traidor” que alguna vez confió en su proyecto y ahora va a cometer la tropelía de votar a otro partido de izquierdas.

No se deberían extrañar de esto si conocieran un poco la historia del movimiento obrero en España, donde hace más de un siglo ya convivían diferentes concepciones de entender la izquierda, desde los republicanos, hasta los socialistas, pasando por anarquistas y un poco más tarde los comunistas. Y en aquel tiempo todos ellos, como apunta el historiador Ángel Duarte, convivían en el mismo “suelo limítrofe y devastado […] propicio a las interacciones” lo que traducido quiere decir que tanto republicanos de izquierdas, como socialistas y anarquistas pescaban en las mismas aguas, en ese “suelo devastado”, y esta interacción ha tenido dos efectos contrapuestos: en ocasiones el roce ha hecho el cariño propiciando conjunciones, frentes populares o acuerdos post electorales y, en otras, tal vez las más, la fricción ha hecho saltar chispas provocando fuegos truculentos.

Por eso mismo, esta historia ha estado plagada de “traidores”, porque todo territorio de frontera es propicio a las migraciones y, a lo largo del tiempo, se han producido numerosos movimientos de personas entre los partidos: desde cenetistas convertidos en líderes socialistas, como Ángel Lacort, pasando por socialistas trocados en comunistas, como Santiago Carrillo, hasta andarines como José Antonio Labordeta, que pasó hasta por tres partidos de izquierdas. Todos ellos y muchos más fueron llamados  traidores en algún momento de su vida política, pero la perspectiva del tiempo y el estudio del contexto histórico sirve, en la mayor parte de los casos, si no para justificar, sí para explicar y comprender el porqué de esos cambios, la mayoría de ellos llenos de coherencia. No fue un traidor Lacort, que estuvo siempre del lado del trabajador, no lo fue Carrillo, que caminó hacia donde sus ideas y la historia le llevaron, pero siempre por el carril izquierdo y, por supuesto, no fue un traidor Labordeta del que hoy dicen es patrimonio de toda la izquierda.

Pero la ira del que siente que ha perdido es tan grande que necesita un culpable, incluso a veces no hace falta cambiar de partido para que te llamen traidor, como le pasó a Juan Negrín, al que el PSOE tardó 62 años en rehabilitar y devolver  el carné que le quitaron en 1946. Debería tener este partido mejores reflejos y darse cuenta que gritando traidores o vendidos, o llamando tontos e ignorantes a los que no le votan, solo van a conseguir que los que hemos militado en ese partido no volvamos a confiar en él ni en otros 62 años. Menos aún cuando han sido ellos los que han abandonado el solar devastado de los de abajo para establecerse en el barrio lujoso de los de arriba. Por eso, los de abajo se han (o nos hemos) organizado y se han dado cuenta de que con otras opciones de izquierda SI SE PUEDE.

 

 

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La ideología de Podemos y las lentejas de mi madre

En mi casa los jueves son día de alegría, vienen mi hermana y  mi sobrina a comer. A sus dos años y medio mi sobrina está en esa época en la que comienza a elegir ella lo que come y lo que no, ya sea por criterios de sabor, vista o cualquier imponderable que pasé por un cerebro en construcción. Este jueves comimos lentejas, si quieres las comes y si no las dejas, y mi sobrina, si ve que las lentejas llevan verdura, las deja o, como poco, aparta minuciosamente cada trocito  de color distinto al de las lentejas que vea por el plato. Pero este jueves se comió todas las verduras y sin rechistar, y no porque de repente hayan dejado de parecerle sospechosos esos trocitos de colores que pululan por las lentejas sino porque mi madre los pasó por la vara, que diría ella (por la batidora para el resto de los mortales) con lo que consiguió que mi sobrina se comiera el riquísimo plato disfrutando de todos los beneficios que aportan las verduras sin enterarse ni protestar.

¿Y que tiene que ver esto con la ideología de Podemos? Pues que Podemos hace con su ideología de izquierdas lo que mi madre con las verduras de las lentejas, la pasa por el pasapuré de “no somos de izquierdas ni de derechas” para que el mayor número de personas posible se coma el plato que están preparando. Pero esta definición indefinida les está granjeando mil y una críticas, sobre todo (y muy a mi pesar) que desde sectores del PSOE se les compare con la Falange de José Antonio. Esto deja en muy mal lugar a quién realiza la crítica puesto que, o quedan como unos ignorantes por no ir más allá del discurso o son unos taimados por acusar a Podemos de algo que saben de sobra que no son, escogiendo a su antojo una parte del discurso para confundirla con el todo. Por lo tanto, está acusación es injusta por reduccionista, tanto el ideario de la Falange como el de Podemos van mucho más allá  del no soy de izquierdas ni derechas, cualquiera que lea un poco se daría cuenta de que son distintos,  dejémoslo en que con esa declaración usan la misma estrategia para atraer al mayor número de gente, lo cual para nada les hace iguales.

Así, se podrá compartir o no está estrategia, pero resulta muy difícil afirmar, como reconocía  el otro día con un amigo militante de Izquierda Unida,  que un partido que apuesta por la sanidad y educación pública, por la redistribución de la riqueza, por medidas como la dación en pago, la renta básica, etc.,  en definitiva, que apuesta por recuperar el Estado de Bienestar, resulta muy difícil decir que ese partido sea de derechas. Otra cosa es que está estrategia nos guste más o menos, pero ante una sociedad en la que existen las clases sociales pero no el sentimiento de pertenencia de clase (la tan manida “conciencia de clase”) se hacía necesario recuperar el discurso de alguna forma, puesto que la conciencia de clase está encerrada en un cofre con siete llaves que pusieron desde Thatcher hasta Blair,  entre muchos otros.

 Y eso es lo que está haciendo Podemos cuando habla de “los de arriba y los de abajo”, está recuperando el discurso de clase, sin que nadie se de cuenta, pero lo hace. Puesto que aunque la conciencia de clase esté bien enterrada, cada día se ve más claro que hay unos pocos que cada momento tienen más y otros muchos que cada día tienen menos, y esto no es solo una percepción y un sentimiento, lo cual ya es importante,  sino que es una realidad que constatan las cifras y la historia reciente, como han demostrado historiadores como Judt o economistas como Piketty. Recuperar esta percepción significa, como dice Owen Jones en su recomendable Chavs, reconocer que “un grupo posee el poder y la riqueza en la sociedad y otros no”, es decir, que “que un grupo de personas vive de trabajar para otros” y si estos “otros” cada vez tienen más a costa de la explotación y el expolio de los que trabajan, es cuando comenzamos a ser conscientes (de nuevo) de que algo tiene que cambiar. Y ahí está la virtud de Podemos, en pedir un cambio radical cuando hasta ahora solo nos ofrecían maquillaje. Si para producir este cambio hay que disimular la verdura en las lentejas,  así se haga, siempre y cuando no pierdan su esencia en el proceso. Cuando mi sobrina sea adulta, llegará el momento de que disfrute las verduras en todo su esplendor, mientras tanto, alabada sea la batidora.

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RELATO DE TRES CANDIDATOS

Cuenta Miguel Roig en el prólogo al magnífico  libro de Christian Salmon, Storytelling la máquina de formatear mentes la historia de un redactor publicitario que todos los días, cuando atravesaba Central Park camino de su trabajo, depositaba una moneda en el sombrero de un méndigo que tenía un cartel que ponía “SOY CIEGO”. Un día, en lugar de una moneda este redactor pidió permiso al ciego y  tomó el cartel para añadir una frase. Al final de la jornada el sombrero rebosaba dinero. ¿Qué frase pudo provocar este efecto? Simplemente escribir  “SOY CIEGO Y HOY COMIENZA LA PRIMAVERA”. Con este  sencillo ejemplo, Roig ilustra el poder del Storytelling o “arte de contar historias”, un retorno a la narrativa que afecta a las Ciencias Sociales desde finales de la década de 1970 y que  produjo un giro profundo en las técnicas de marketing  que  pasaron de ofrecer  un producto a vender un logotipo para al final olvidarse de ambos y dedicarse  a  construir y vender relatos. Este virus del relato tardó poco en pasar de la mercadotecnia a la política, primero en Estados Unidos para luego extenderse al viejo continente. Casi cuarenta años después esta “era de la narrativa” parece que comienza a declinar, puesto que la mayoría de la gente  no se queda ya solo con una historia, si no que exigen que está historia se corresponda con la realidad.

Que seamos conscientes de que desde la política nos están intentando contar un cuento ha  afectado principalmente a nuestro partido, el PSOE, que se ha dejado su credibilidad a los pies de los caballos. Esto se ha traducido en una debacle electoral tras otra, hasta traernos a la encrucijada en que nos encontramos: elegir un Secretario General capaz de enderezar el rumbo de un barco que no deja dar tumbos.  Hay en liza tres candidatos que están llegando al final de la campaña de diferente forma, mientras dos de ellos se deshinchan el otro va ganando fuerza día tras día, lento pero seguro.  Esto se debe a que  los gurús del marketing de dos ellos parece que no se han enterado de que queremos algo más que un cuento bonito  y desde el primer minuto se han apresurado a escribir un relato a medida de cada candidato para venderlo a los militantes. La inconsistencia de este relato está dificultando su “venta”, haciendo que su campaña sea cada vez más dura y en ocasiones, algo rastrera.

A uno de esos candidatos le han hecho un traje de militante de base, con su mantra de los 60.000 km y sus nocturnidades en casa de militantes, dicen que es el candidato que hace un año y medio no estaba en política, el “diputado de base”. Un relato que la realidad se está empeñando en negar sistemáticamente.  No  es  militante de base quién ya tenía un despacho y secretaria/a en Ferraz en el año 2000, no es militante de base quién lleva siendo cargo público diez de los últimos once años. Por mucho que se nos diga que era un “simple” concejal de la oposición, basta recordar que ese simple cargo cobra  más que un “diputado de base”, como le han dicho que diga que es ahora.

Al otro candidato le han querido poner la capa de héroe de la democracia y adalid de la izquierda radical, pero también basta con mirar atrás para que veamos que este héroe no tiene capa, que está desnudo. Un adalid de la democracia que hace un año cuestionaba la utilidad de las primarias, un radical de izquierda que jamás dijo NO ni a una de las medidas neoliberales que se tomaron mientras era diputado,  un valiente al que han tenido que empujar para que dé un paso al frente.

Frente a ellos hay un tercero en discordia pero primero en concordia, como le gusta recordar a él. A este candidato no le ha hecho falta que le hagan un traje a medida, lo llevaba puesto. Su traje se llama coherencia, su traje huele a honestidad, a verdad y lleva los bolsillos cargados de  socialismo, de discurso, pero, sobre todo, de propuestas, resumidas en 15 puntos sobre los que está basando su campaña. Propuestas para el PSOE y para la sociedad, propuestas para abrir el partido a la ciudadanía, propuestas para ser tajantes en la lucha contra la corrupción propuesta contra el paro, etc. Esta y no otra es la maleta que porta. Un candidato con maleta pero sin mochila. Otros tendrán que rendir cuentas a sus apoyos orgánicos y mediáticos, Tapias rendirá cuentas ante los y las militantes, como debe ser.

El domingo 13,  que no te vendan un cuento:

VOTA SOCIALISTA, VOTA A PÉREZ TAPIAS

PSOE_Izquierda

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